CARLOS HUGO RINCÓN HOEFKEN presenta:

jueves, julio 30, 2009

Aventuras de Gustavo

V

Gustavo inspecciona los grabados de Julián, quien ha delineado a la perfección unas sillas de madera con figuras floreadas, mientras lo hace reflexiona sobre sus propios trabajos, los cuales fueron, desde un principio, los que alcanzaron una demanda enorme; ahora, Julián había mejorado mucho y superaba a su maestro. Gustavo, en un primer momento, se alegra mucho por los fabulosos trabajos de su pupilo; sin embargo, inmediatamente, se lamenta por haber perdido su toque y se pregunta: “¿En qué momento habré perdido mi maestría?”.

El nombre Gustavo Pilas aún es sinónimo de gran artista de grabados en madera y sus trabajos siguen alcanzando precios exorbitantes, pero aún así, él sabe que ya no es el mismo, su calidad ha desmejorado mucho en los últimos años, asunto que lo ha llevado a una profunda depresión y a una vida desordenada, sólo llenada a medias por amores esporádicos.

Pobre Gustavo, pocos saben lo que significa para un artista perder el genio creativo, que alguna vez lo coronó, es algo así como para un hombre o una mujer perder el amor de su vida.

Gustavo, de algún modo, al ver los creativos grabados de Julián, está más devastado que el común de los días, cuando alguna mujer desconocida lo aleja de su sombría realidad de frustración.

-¿Qué te parecen?-pregunta Julián-.

-Realmente, me has sorprendido, están muy buenos.

-Me habré superado a mí mismo, maestro. Estoy muy por debajo de su nivel y reconocimiento.

-No pienses, mi querido Julián, en el reconocimiento, es sólo un título que te dan las circunstancias; y tú, aunque aún no alcances tu reconocimiento merecido, has llegado a manosear la perfección, meta de todo artista.

-Me halaga maestro, viniendo de usted, las palabras son aliento.

-No hay de qué, Julián, lo has logrado por tu propio esfuerzo y talento, nunca permitas que acabe si puedes evitarlo.

-Vuelvo a agradecer sus palabras; sin embargo, debo cortar esta charla, pues una linda muchacha lo busca, dice que le ofreció trabajo aquí.

-Cierto, no hay que hacer esperar a una dama, dile que pase a mi despacho.

-Lo haré en seguida.

Gustavo está en su despacho, camina de lado a lado, frente a su escritorio, la ventana apenas permite la entrada de un sensual rayito de luz. Al escuchar los pasos, fuertes y seguros, de Julián, combinados con los sutiles de Natalia, el maestro en grabados enciende la tenue luz de la lámpara de escritorio. Julián aparece en el umbral de la puerta y anuncia la llegada de la joven, quien hace su aparición, quedando a solas con Gustavo.

-¡Siéntate!-indica Gustavo a Natalia, quien toma asiento frente a él-.

-Señor, ¿en qué consiste el trabajo?

-En que seas grabadora para lo que te instruirá Julián, quien te acompaño hasta aquí, ve y ponte a sus órdenes, que después, hablaremos de tu salario.

-De acuerdo, nos vemos después, y muchísimas gracias por las oportunidad.

-No es nada, ve.

La hermosa joven se despide y sale del despacho. Gustavo queda solo, imbuido en sus pensamientos. Empieza a recordar, cuando su padre le habló de lo rentable de los grabados en madera. Ahora, se dice a sí mismo: “¿No será tiempo de renunciar a los grabados y buscar algo nuevo en lo que pueda ser bueno?”. “No, - se responde a sí mismo- no desistiré, volveré a ser el mago que hizo grandes trabajos, debo tomarme mi tiempo”.

domingo, julio 26, 2009

Aventuras de Gustavo


IV


La tarde es terriblemente calurosa y la frutera Natalia, decide, trozar una pequeña sandía y comer una tajada para hidratarse. En ese momento, aparece Gustavo y al verla así, correada en el rostro de zumo su mente vuela a paraísos llenos de placer carnal y ternura con la juventud y lozanía de la frutera. Se acerca, pide un montón de naranjas; ella, dejando a un lado la tajada de sandía, lo atiende solícitamente. Gustavo la interroga.

-¿Y la señora que siempre despacha?

-No está, su esposo se ha puesto mal y ha tenido que atenderle, yo he quedado a cargo del puesto.

-¿Eres su hija?

-No, soy su vecina.

-Con razón, no te pareces en nada a ella y por lo general, las hijas algo tienen de sus madres, tú eres bonita.

-Gracias-responde Natalia y echa una risita que, rápidamente, Gustavo interpreta como cierto agrado hacia él-.

-El calor es tremendo, ¿cómo puedes permanecer tanto tiempo bajo este sopor?

-Lo hago por trabajo, usted sabe, hay que ganarse el pan y como vivo sola en esta ciudad, tengo que ver por mí.

-¡Ah sí! ¿De dónde eres?

-Mi pueblo queda a treinta kilómetros de la ciudad, pero como no hay trabajo he venido por acá.

-¿Y, no estudias?

-Estudio en la escuela nocturna, puesto que por problemas económicos no pude terminar el colegio a su debido tiempo.

-Bueno, pero eso habla muy bien de ti, no te das por vencida y lo sigues intentando.

-Claro, no pienso vender fruta toda mi vida y usted ¿a qué se dedica?

-Bueno, yo hago grabados en madera.

-Interesante.

-¡Sí, tengo mi taller! ¡Ah, y si deseas podrías tener trabajo por ahí!

-¡De verdad! Y, ¿cuánto me pagarías?

-Bueno, eso depende de la disponibilidad de tu tiempo.

-Yo puedo trabajar todo el día; ya que, la escuela nocturna es de seis a diez.

-Bueno; entonces, ve a verme.-Gustavo entrega a la frutera una tarjeta con la dirección del taller, se despide y se retira con su bolsa de naranjas-.

miércoles, julio 22, 2009

Aventuras de Gustavo

III

Romina está en su habitación, durmiendo profundamente, tras una noche más de trabajo en el bar, cuando entre sueños escucha llamar a su puerta. Se levanta de la cama completamente desnuda, pues su costumbre es dormir así para refrescar su cuerpo de los vapores de la noche; no atina a vestirse y sólo se pone una bata blanca, que toma de la silla. Camina hacia la puerta, la abre y ve a Gustavo, que ha llegado muy bien trajeado, la joven no muestra la menor sorpresa e indica con un gesto a Gustavo que pase, lo cual hace Gustavo casi automáticamente. Una vez dentro de la habitación y serrada la puerta, Romina vuelve a acostarse en la cama, le dice a Gustavo que se siente en la silla y que la deje descansar un rato.

Gustavo, ya sentado, observa el escandaloso desorden de la habitación, ropa regada por todo el piso, el televisor completamente empolvado y unos afiches en la pared, que dan cuenta de actuaciones folclóricas pasadas. Luego, de esta breve inspección, dirige su mirada a la cama, donde la joven yace desparramada sobre sus cobijas, la bata que porta ese cuerpo espléndido esta dispuesta de tal modo, que Gustavo ve los senos, bastantes pequeños, pero firmes.

Romina esta boca arriba, cuando voltea lentamente su cuerpo, adquiriendo una postura fetal, su trasero se muestra en todo su esplendor de formas, bajo la blanca bata, Gustavo siente un remesón que sacude toda su virilidad.

-¿Qué me ves?
-¿Qué? – Gustavo se percata, que Romina lo ve de reojo, conforme él le mira el trasero - ¡Ah, veía lo bonita que eres!
-Me mirabas el trasero – Romina suelta una risita, tierna como maliciosa, Gustavo le sigue el juego-.
-¡La verdad que sí, es fabuloso!
-¡Oye!- exclama Romina y le arroja una almohada, soltando otra risita-.

Gusta recupera la almohada y se la devuelve, ambos ríen; luego, en silencio se ven directo a los ojos. Gustavo se aproxima lentamente y se sienta a los pies de la cama, Romina se reincorpora y se acerca a él, ambos se besan ardorosamente y se abrazan, Se echan en la cama abrazados.

-Es extraño – dice ella, mientras se acurruca en él-.
-¿Qué es extraño? – pregunta él sabiendo la respuesta -.
-Que nos besemos así, que estemos abrazados en mi cama, cuando recién nos conocemos.
-No me parece extraño, pues besarte y abrazarte, y acostarme contigo así, me pareció lo más natural, desde que te vi tuve la certeza que ocurriría.
-¡De verdad!
-Así, lo creo.

Vuelven a besarse, Gustavo toma el trasero de Romina y ella siente estremecerse dentro. De lo que se percata Gustavo, y con un ligero movimiento desata el lazo de la bata, corroborando la desnudez de la joven, la que recorre delicadamente con sus manos. Romina desabotona lentamente la camisa de Gustavo y siente la vellosidad de su pecho desnudo; luego, Gustavo se saca el cinturón y ella ayuda, quitándole los pantalones. Después de estos primeros momentos de seducción, permanecen abrazados y tocándose, Gustavo conserva puesta su ropa interior, pero se quita los zapatos, ella está completamente desnuda con el sexo humedecido, cuando Gustavo al sentirlo se siente erecto. Romina toma el pene de Gustavo y lo acaricia, sintiendo éste un estremecimiento violento. Gustavo renuncia a su ropa interior y se entrega a la pasión con Romina.

domingo, julio 19, 2009

Vigilia de desdoblamiento


Lo igual terminó de matarlo, el silencio lo trajo
de vuelta, hubo de pasar por el no ser
para tomar la madeja del otro extremo,
lo intrigado cayó por su pensamiento
a una distancia que renueva la actividad
en el otro que se formó después, cuando
hubo muerto, y fue el que pensó
vagar en sentido jubilado al ser,
el que no proponía solución, la crisis
había durado un día infinito de pánico
y varias y variadas posturas similares
con esencia igual a ese carácter,
que pasaba al no ser, que fue,
a fin de cuentas, su salvación,
su contacto con el final,
apartado de lo igual y recordándolo
para no morir, dijo,
para no morir de renuevos.

El vencedor


No pude hacerlo, llegué al límite
de la experimentación, se me callaron
los ojos para dentro. Ese refugio
no va más, no ve más su bulla,
sus quejidos malolientes, ha vuelto
en sí de por sí lo externo, ya no
como decoración o fuente
de exteriorización de lamento,
ya no como encuentro
con ese ocultamiento de miento;
ahora, la pura verdad,
la pura riña por una por dos,
no se cuenta la primera,
pero sí como búsqueda
de la segunda y la que imagina,
mis ojos dicen su belleza
y cuentan su sonrisa
como tal contemplación imparcial.

Ya no, llano infinito; ahora,
existen también montañas,
las mujeres mejor y los hombres,
ya no somos un recordatorio
de paz fingida ni un laboratorio
salvaje, somos animales solamente,
un paso de la evolución
en un paso de baile, y no
por seducir o encontrar
otro fuego que apagar, ya no;
ahora, otro llano con sus altos,
tan altos como han sido siempre
ni más ni menos cayendo,
sólo así de pie mientras vivimos,
una excusa ha sido asesinada
por más que palabras una actitud,
un acto sin representación; ahora,
la segunda, lo imposible, es la primera,
la que ganamos sin esfuerzo
jugando a las cartas,
hoy es vida solamente,
y solamente para engendrar vida,
evolucionar los genes
a la imparcialidad y contemplación
pura, no hay tiempo para otras cosas,
ya no miraremos, dado que
otros nos mirarán
y harán mejores diagnósticos,
los reales y no los rebeldes,
los rebeldes también
se fueron para dentro
y engordaron, y comieron
toda su actitud, viéndose
por última vez y muriendo
dentro nuestro.

Esa energía llamada mal
ha caído en la verdad,
el truco de Dios, sus santos ángeles
han intervenido a su favor;
ahora, todo es contemplación
y admiración, el mundo de Dios.

Misa negra


Enmascarada figura del secreto, te llevo a bien
a nuestra misa negra sobre pieles animales
en los bosques perdidos de mi cautiverio,
adorable accesibilidad, desenfreno
de la locura, cabra mía de reojo
al resquemor de tu embeleso, cautivante
de sombra, sobre la que poso mis pies,
matrimoniados con tu sangre
y tus oberturas de sonido,
tan fácilmente me hundo
con todo mi respeto a tu deleite,
boquiabierto de escupitajos terrestres,
leoncilla del mal, cazadora
de mi difunta muerte
en una oración untada a mi fantasía,
fantasía para que vivo,
redondo en tus crespos,
desaliñados de la uniforme atraviesa,
sentada en una roca consagrada
a los desvelos de sedienta masacre
por donde pasan nuestras raíces,
aplastándose más, recuperándose
al fuego invertido del cruce
de nuestro masoquismo redentor
en el agua profunda de este bautizo
de la maldad energética,
vigorizante de los instintos,
tu vampiro descubierto
en el pecho extremo derecho
de tu seno, tan emblemático seno,
corriendo por mil peligros
de canto en arriesgados golpes,
la misa de los animales,
sacrificados a tu placer sexual
de sangre convertida
en religiosidad brutal,
la que lo desfigura todo,
cuanto está conmigo,
comiendo de nuestras manos
las migas de pan,
refugiadas a los ricos
y dadas para estos rituales,
clandestinos de oscuridad,
bruja negra enmascarada
con vergüenza de tu sexo
como una flor dada
a los extremos de la voluptuosidad
de tu negro carisma.
¡Oh, diosa mía del culto furtivo
a todas luces necesario,
desfogue de la rabia interior,
maniatada con sensualidad
en tus esquinas, tremendas
esquinas, juegos paganos
por donde pasan mis poemas
a tus diálogos puros, resbalados
en lubricidad a tus genitales,
activos genios del mal,
dioses accesorios para mayor
revolución de sentidos,
caminos por donde las normativas
son creadas de momento
en que se teje la trama
del espíritu y del sabor extremo
en embriagados engranajes
de una máquina, que no es
de este mundo, galopes rebeldes!

miércoles, julio 15, 2009

Muerte de Abel


Al cruce te sale un tal, cuando no tiene
un cómo hacer, de revestirse
con otro vestido para conquistar
una cuerda floja de otro ahorcado,
que busca venganza, la hora acuarelada
de ese toque iluminado, que desciende
los ojos de su víctima, aún viva
con tanto descaro de muerte
que cobrar, que salirse con la suya
una vez que tenga la de los demás,
abotonado para la guerra,
esa subida tiene que bajar
por ese encuentro con el abismo,
tan deseado como hermano suyo
que fue, cuando subía, y no calculó
ese otro momento, salido
de las entrañas del odio,
de trepar hasta ahí si no baja
sino pierde el encuentro
y su verde cima de altura,
controversia del camino
rodando al fondo, a la propia
mentira de su alma,
de sus recuerdos de niño,
cuando sabía pelear y vender
el ansia al resto del cuerpo suyo,
de donde baja para morir.

El infierno virgen de la muerte


Sueltos vírgenes vientos
de remolinos insistentes,
insistentes a tragar
y ser devorados
en sus orificios,
vientos vírgenes femeninos
de recónditos costados
inexplorados,
se tornan enfermos y marchitos
en su flor intacta,
vientre de viento
senos de viento
intocables,
superficie de fantasma virgen,
ya no puedes oler lo perdido.

La fuente de Cleopatra


Hay una fuente de pozos satélites,
que se han acercado mucho
hasta serse aterrizados en nuestro cielo inferior,
el real luciente de lo visible,
el que presenta los astros,
legados por otras inferioridades,
el universo siempre minúsculo en sus blancos
de destrucción suprema
como caen los fuertes a ser derribados
en la grandeza de su dependencia azul
porque en el cielo no hay melancolía.

La fuente es la reina en el espacio,
la fuente del infinito desde abajo,
nomenclaturados dioses de la estatura,
los dioses del hombre cuerpo a tierra,
cuerpo celeste de mujer y azul el hombre
por ella irradiando su color de cielo.

Polos


No puede no gustarte esta ensimismación.
Sin ella, ¿qué sería de tu Augusto Pérez?
¿Qué sería, de aquella otra mística,
opuesta sin tu opuesto?

Interiores (I y II)


I

Hasta que salga,
mientras chorrea la vela
su cera de luz,
me pongo a ti por fuera
diciendo dentro lo demás
con el grado de importancia
que le pongo, no es
que detenga bastante
desangrarte porque es mía
la que desvisto
en tu creada apariencia,
que penetro, un poco más,
en este vacío para incorporarme
a la rara península
que baña a esta hora
una salida más al mar,
ese mar construido
con gafas negras de sol
o ciego oculto.

II

Mi asunto son las gafas,
ahora transparentes,
que muestran la cirugía
de mis nuevos paisajes.

Baile de luz y sombra


¡Bailen, bailen! ¡Oh bailen!
Familia de velas,
bailen las tres luces
con el himno del humo
de la oscuridad.

Bailen la felicidad grande
de lo consumado,
bailen en el descanso eterno
de las neuronas y del calor.

¡Oh bailen el himno del humo,
familia de velas!
Bailen su camino
algún día vivo
y hoy vivo
en su esplendor.

Familia de velas
de las neuronas
esparcidas con la luz
y el tacto a tientas
después,
en la desconocida noche.

¡Oh velas que se dicen luces!
¡Oh luces apagadas del esfuerzo!
¡Grande, siempre grande!

Familia de velas,
madre de la orquesta de sombras
y trabajo silencioso,
madre de la esperanza viva
de su partición
en luces de regalo,
tan impulsadas
como un himno que se va
creando a lo largo de los ojos
más creaciones
acuestas ajenas
en avenidas,
todas venidas.

Familia de velas
en concierto
de viento,
de formas del azar
con suerte,
con recuentos doblemente
y doblemente agigantados.

Noche de los himnos
y de los mil caminos,
noche de los himnos
del humo y el recuento,
noche de las manos tomadas,
desde atrás para siempre,
desde la premisa,
elevada la víspera
a las palomas,
pendientes de sus plumas
y de sus familias del sentido,
único campo
con águilas feroces,
cernidores del tiempo
en la cantidad
restada al concierto,
a las nuevas rondas
que se van coronando.

Familia de velas
y antigüedad joven
del pulso, así,
tan desarrollado,
tan inclinado al futuro,
tan unido al pasado,
y sobrevivido por un palco
de admiración aplaudida
por una langosta de gente.

Trenza


Agradable trenza gruesa,
donde nunca hubo amor, ¿acaso
si fuera amada, sería más bella?
Creo que no y no estaría escribiendo esto,
trenza que seduce jalarla
a la maldad con su dueña
ensombrecida,
dueña hecha para adueñarse
todos los que quieran gozarla,
¡tómenla, sacúdanla
como bandera de fin de patria!

Aventuras de Gustavo


II

“¡Qué tal huasca por Dios, - piensa Gustavo al despertar – qué terrible! Tomar en exceso es una reverenda burrada”.

-¡Joven Gustavo! ¡Joven Gustavo!
-¿Qué pasa Agripina? ¿Por qué gritas?
-¡Joven, lo busca una señorita!
-¿Qué?

Gustavo se apresura a vestirse, se pregunta ¿quién puede ser? Sale rápidamente y se encuentra en el comedor con Romina.

-¿Cómo está la cabeza?
-Mucha cerveza, ya te imaginarás, pero siéntate, ponte cómoda.
-Gracias.

Gustavo y Romina se sientan frente a frente, se observan por un momento en silencio.

-No pensé que irías a verme bailar y mucho menos que consumas tanto alcohol.
-Bueno, si fui a aquel lugar fue únicamente para verte danzar y con respecto al alcohol no es mi costumbre, pero tú sabes, botellas van, botellas vienen.
-Si pues, suele suceder.
-Pero bueno, tú dirás, ¿en qué te puedo ayudar?
-Te quería pedir un gran favor, necesito un préstamo para pagar mi alquiler, en el bar. se han atrasado en pagarme y amenazaron con sacarme.
-Bueno, no hay problema.
-Ah, y si un día quieres visitarme y ver tele, no hay problema.
-¿Cómo? ¿No sería mal visto?
-No seas anticuado, no hay problema, puedes verme cuando quieras, aquí – Romina entrega un pequeño papel a Gustavo – está mi dirección.
-Está bien, iré a verte durante la semana, ¿quizá puedas bailar, sólo para mí, en privado?
-No hay problema, tengo ahí mi vestuario.
-Muy bien; entonces, nos veremos.
-De acuerdo.

Romina y Gustavo se ponen de pie, y éste la acompaña a la puerta, donde se despiden y ella sale a la calle.

Aventuras de Gustavo


I

-¡Salud, muchachos, pongo una caja!
-¡Salud, salud, hasta que por fin llegaste hombre!
-¡Salud con todos!
-Te recuerdo que Romina prometió bailar para ti si venías, te hemos esperado largo rato, queremos ver su vestido plateado y sus botas negras como prometió.
-Bueno pues, espero verla bailar por eso también vine; además, claro, por encontrarme con ustedes y distraerme un poco.
-Tanto mejor, mira, ahí viene,
-¡Hola Gustavo! Viniste.
-Siempre cumplo mis promesas y espero verte bailar.
-Claro que sí, lo haré, pero ¿qué te sirves?
-Una caja para los amigos.
-Muy bien, ahora te la traigo.
-Te espero.

Romina está vestida con un pantalón pegado y un polito entallado que deja ver su ombligo, camina contorneándose deliciosamente al puesto de cerveza, de donde regresa con dos muchachos, que llevan, cada uno de un extremo, una caja, Romina cobra el dinero a Gustavo y se dirige a una pequeña habitación, entrando por una puerta situada por debajo del escenario, vuelve con el vestido plateado y con las botas negras, que le llegan a las rodillas, viene con otras dos chicas. En ese momento, se escucha una cumbia tropical y las tres empiezan a bailar, frente a la mesa de Gustavo y sus amigos, los cuales observan sus movimientos sensuales y brindan entre ellos, cuando Romina se anima y saca a bailar a Gustavo, quien se niega al principio, pero, debido a la insistencia de la muchacha, se anima y sale a bailar; sus amigos, algo tomados, aplauden y bromean por la rigidez de Gustavo. Esta misma escena se repetirá varias veces durante toda la noche. Finalmente, y completamente ebrios, Gustavo y sus amigos se retiran a altas horas de la madrugada.

Progreso de todos y la reconciliación


En mi vida escuché muchas cojudeces, diluvios de cojudeces, todas destinadas al provecho propio y al hundimiento del resto de las islas humanas, fueron cojudeces, tan convincentes, que las llegué a creer, cosas tales como decía el chiste de los empresarios peruanos, invertir un menos por ciento y ganar un ciento por ciento de utilidades. En la práctica, aunque suene absurdo, un cien por ciento de realidad.

Yo, hasta hace muy poco, más o menos un año, no tenía en mi experiencia el contacto con la realidad empresarial de Perú. Fui, hasta antes de esto, que me cambió la vida, simplemente un profesor de literatura por profesión y poeta por vocación, lo cual sigo siendo.

Ahora bien, ¿o debo decir, ahora mal? Soy un empresario agrícola, dedicado al rubro de tara (árbol leguminoso) en el departamento de Ayacucho – Perú, donde vivo en un hermoso fundo. No es un secreto, la violencia que provino de este olvidado rincón de los muertos en la década de los ochenta, sangre derramada brutalmente en cada rincón del territorio nacional, valga la redundancia, todo Perú se convirtió en un gigantesco rincón de los muertos. No quiero y no es mi propósito, justificar todo el dolor que causó este macabro movimiento a tantas familias que perdieron a sus hijos y padres sino, por el contrario, generar una conciencia nueva que evite tanto la muerte física en el futuro como la terrible muerte (física y emocional) de la injusticia. Bueno pues, voy al fondo para resucitar a los muertos de la verdad, que estoy seguro se han manifestado en la conciencia humana, aunque sin encontrar verdadero eco en el sólido corazón individualista. Lo que he podido comprobar con propia vista, acá en Ayacucho, y estoy seguro podrá corroborarse en cada rincón de nuestro territorio, es que la empresa privada (pequeña, mediana y grande) (nacional o extranjera) desarrolla sus proyectos con el enfoque de enriquecerse y tapar el sol con el dedo de la mentada responsabilidad social; la que, en definitiva, no calma o apacigua la mirada de la pobreza y la necesidad, que ve cómo los forasteros vienen con la sonrisita carismática para ocultar las arcas de su propio egoísmo y que, una vez llenas, hacen maletas para un proyecto mayor, olvidando a la gente que hizo posible llenar el cuarto de Atahualpa varias veces, y quienes no salieron beneficiados con las utilidades de su propio trabajo como sí lo hizo la empresa o el empresario. La pregunta es muy simple, ¿es justo, que unos ganen las utilidades de su trabajo y otros no? Me parece, señores empresarios, que si se comparten las utilidades de un gran proyecto, la empresa privada será reconocida y beneficiada por el amor del pueblo, y de este modo llegará el verdadero progreso de todos y la reconciliación.

El carpintero


Esta extraordinaria versión poética del evangelio de San Marcos, en voz de Gösta Ågren nos lleva como acostumbra el poeta finlandés a lo más profundo del lenguaje y la creencia religiosa con todo su brillo divino, podemos ver interesantes paradojas y desconciertos en los poemas, pero ¿no es acaso de paradojas y desconciertos, la concepción divina, que aunque por este camino misterioso de la poesía no deja de ser, a su vez, clara y reveladora?, invito al lector a sumergirse en la profundidad de este texto con la certeza que lo encontrará fascinante y se dejará envolver si no por la divinidad de Dios por la del poeta.

domingo, julio 12, 2009

Toneladas gramadas



¡Oh toneladas gramadas,
que son el mundo!
Hoy no me apetece
ser artista aprovechado.

¡Siento! Estoy ausente un momento
del largo que me atraviesa,
no me dejan tranquilo, tengo miedo
y susto de cuy interior.

¡Oh hermanos, toneladas gramadas,
han desfigurado la esencia
de todas las medidas!
En todos los momentos
agrietan el mundo.

¡Oh colectivo! ¿Cuándo serás?
Toneladas gramadas, ¡toneladas
gramadas, que son el mundo!
¡Oh colectivo! ¿Cuándo serás?

jueves, julio 09, 2009

A una prostituta de 19 años


La hechura de su traje,
el que la transforma
en criatura demoníaca,
deslumbra con su plateado
las emociones,
el concepto queda en su concha,
y los espectadores estupefactos,
temblando la redención.

La neblina del espectáculo
es llevada y traída
a todos los hornos
por grados de calor,
tocables en largas piezas
humanas extendidas
hasta las profundidades
más oscuras.

La cifra impar


Poema dedicado a E. Ruiz

Impar anochece, tiembla en su luz solitaria,
tan pobre, tan triste en lo que se enjuicia
sin razón, sin ninguna raza en el mundo,
tan condenada. Es triste, es tristísimo
el escándalo impar con su exactitud única,
la barrida por el miedo general.

Impar anochece, tiembla en su luz solitaria,
yo la acompaño con mis velas y mis santos,
pero hay esperanza, un mundo
que cambia a giro, a regañadientes absurdo,
no desfallece esa igualdad de corazón
en el transcurso de la máscara que cae,
que se rebela y surge sobre todo ese miedo,
tan rabioso, dominándolo con determinación.

Impar que me gustas, que me inclinas
a amarte, ¿cómo no, te podría amar
todo el mundo?

domingo, julio 05, 2009

Canto al comportamiento inaceptable


Yo canto al comportamiento
inaceptable, te canto a ti
en esa atmósfera
de cantina, donde la viste
sin saber sin creer en ella,
canto a tu prudencia
en turbulentos mares nocturnos.

Yo canto al comportamiento
inaceptable, te canto a ti
en esa atmósfera
de cantina, dando atención
a las mesas y recogiendo botellas,
canto a tus miradas de amor
a ese extraño, canto
a la desnudez
de tus miradas.

Canto a la piel celeste del poeta


Tengo de todos,
tengo de ti un poco,
y ese poco lo atesoro,
poeta.

Me he inclinado
hacia tu piel
con frecuencia
y he salido a cantar
contigo, recostado
en tus hombros,
que son tan míos
como mi corazón.

Nunca dejamos
de hacerlo,
aunque no todos los días
sean buenos,
no nos despegamos
de las palabras
un poquito,
pues siempre estamos
un poquito juntos.

Y más juntos
todavía,
cuando
nos deleitamos
en otras pieles,
y las convertimos
a nosotros
por la noche.

Quiero tus palabras,
tanto como quiero
las mías,
cuando se besan
y duermen juntas
en mi cuerpo,
porque te siento
sobre todos los cuerpos.

Mito del ciego y la novena musa


En el noveno siglo a.c.
se encontraron el ciego Homero
y la novena musa, enviada por Apolo,
el que hiere de lejos;
así, brotó la gran poesía
de los ojos muertos.

miércoles, julio 01, 2009

Eccehomo



Siempre fue tildado de díscolo y acusado de pusilánime,
los otros reían y en su candidez fueron perdiéndose,
sólo él crecía para sus adentros, mientras los demás
eran podados en vida por la jardinería estándar.

Esta reingeniería invisible la guardaba para sí,
y seguía la cuerda al mundo sin desesperarse,
cuando lo vimos alguna vez por la calle
nunca volteó a mirar, ésta era la única forma
de palpar su trabajo. No se crea que pertenecía
a una corriente mística, siempre renegó de ellas,
aduciendo su inconsistencia e imperfección
en la búsqueda individual.

Este pensamiento siempre contrario a las grandes doctrinas del espíritu
fue formando su propio orden, así, relevó todas sus creencias
por la más casual e infinita de todas, la suya propia,
la que con trabajo cultivó desde todos los entonces.
Había nacido para apartarse y esto fue lo que hizo,
y nunca más lo volvimos a ver.

El hombrecito de las cavernas


Aquí
se oculta
el hombrecito
de los bien llamados
mal nacidos, en la caverna
de su inmunohumanesencia.

En un claro manantial interior,
proveniente de la tierra,
se destierra a sí mismo
a un más allá.

Los primeros exploradores de la Tierra
vieron perdida su mirada de topo,
pensaron, “es un costal de huesos,
escarbemos y hagamos un hallazgo”,
encontraron el manantial y vieron su reflejo,
refulgía en perfecta armonía con metales preciosos.

Paseo en copas


Las horas duermen en sensible paz
bajo los grandes árboles de la tarde,
paseo agradable,
en él, acuesta el cansancio
toda la memoria.

El misticismo
va de la cerveza a los órganos,
y nace el enigma,
la conversa con la otra parte
del paseo que camina.

El primer Aquí


Este fabuloso poemario, perteneciente a una trilogía de Gösta Ågren, que lleva el mismo nombre en sus tres volúmenes, cala profundamente en la intimidad familiar del poeta, que lleva a evocar en el lector sus propias vivencias. Como de costumbre, Gösta efectúa profundamente y prodigiosamente el truco poético con poemas llenos de universalidad interpretativa, invito al público lector a adquirir este texto del poeta finlandés en la traducción que hace del mismo, Renato Sandoval con gran sensibilidad, ¿qué mejor, que un poeta para traducir a otro poeta? – un abrazo y hasta la próxima columna del ßuffón.