
V
Gustavo inspecciona los grabados de Julián, quien ha delineado a la perfección unas sillas de madera con figuras floreadas, mientras lo hace reflexiona sobre sus propios trabajos, los cuales fueron, desde un principio, los que alcanzaron una demanda enorme; ahora, Julián había mejorado mucho y superaba a su maestro. Gustavo, en un primer momento, se alegra mucho por los fabulosos trabajos de su pupilo; sin embargo, inmediatamente, se lamenta por haber perdido su toque y se pregunta: “¿En qué momento habré perdido mi maestría?”.
El nombre Gustavo Pilas aún es sinónimo de gran artista de grabados en madera y sus trabajos siguen alcanzando precios exorbitantes, pero aún así, él sabe que ya no es el mismo, su calidad ha desmejorado mucho en los últimos años, asunto que lo ha llevado a una profunda depresión y a una vida desordenada, sólo llenada a medias por amores esporádicos.
Pobre Gustavo, pocos saben lo que significa para un artista perder el genio creativo, que alguna vez lo coronó, es algo así como para un hombre o una mujer perder el amor de su vida.
Gustavo, de algún modo, al ver los creativos grabados de Julián, está más devastado que el común de los días, cuando alguna mujer desconocida lo aleja de su sombría realidad de frustración.
-¿Qué te parecen?-pregunta Julián-.
-Realmente, me has sorprendido, están muy buenos.
-Me habré superado a mí mismo, maestro. Estoy muy por debajo de su nivel y reconocimiento.
-No pienses, mi querido Julián, en el reconocimiento, es sólo un título que te dan las circunstancias; y tú, aunque aún no alcances tu reconocimiento merecido, has llegado a manosear la perfección, meta de todo artista.
-Me halaga maestro, viniendo de usted, las palabras son aliento.
-No hay de qué, Julián, lo has logrado por tu propio esfuerzo y talento, nunca permitas que acabe si puedes evitarlo.
-Vuelvo a agradecer sus palabras; sin embargo, debo cortar esta charla, pues una linda muchacha lo busca, dice que le ofreció trabajo aquí.
-Cierto, no hay que hacer esperar a una dama, dile que pase a mi despacho.
-Lo haré en seguida.
Gustavo está en su despacho, camina de lado a lado, frente a su escritorio, la ventana apenas permite la entrada de un sensual rayito de luz. Al escuchar los pasos, fuertes y seguros, de Julián, combinados con los sutiles de Natalia, el maestro en grabados enciende la tenue luz de la lámpara de escritorio. Julián aparece en el umbral de la puerta y anuncia la llegada de la joven, quien hace su aparición, quedando a solas con Gustavo.
-¡Siéntate!-indica Gustavo a Natalia, quien toma asiento frente a él-.
-Señor, ¿en qué consiste el trabajo?
-En que seas grabadora para lo que te instruirá Julián, quien te acompaño hasta aquí, ve y ponte a sus órdenes, que después, hablaremos de tu salario.
-De acuerdo, nos vemos después, y muchísimas gracias por las oportunidad.
-No es nada, ve.
La hermosa joven se despide y sale del despacho. Gustavo queda solo, imbuido en sus pensamientos. Empieza a recordar, cuando su padre le habló de lo rentable de los grabados en madera. Ahora, se dice a sí mismo: “¿No será tiempo de renunciar a los grabados y buscar algo nuevo en lo que pueda ser bueno?”. “No, - se responde a sí mismo- no desistiré, volveré a ser el mago que hizo grandes trabajos, debo tomarme mi tiempo”.

































