VI
En la habitación del hotel, Mitor interroga a Clara.
-¿Clara, recuerdas cómo nos conocimos?
-Claro, mi antiguo jefe se enamoró de tu auto, y por lo que costaba, acostarnos solamente no cubriría el precio por lo que tuve que quedarme contigo.
-¿Y cómo lo tomaste, de buena o mala gana?
-A decir verdad, él se hizo de mí, desde que era una chiquilla, nunca antes tuve otro jefe, tú fuiste el segundo. Temí por no saber cómo eras, eso es todo.
-¿Y lo extrañas, la pasabas mejor con él?
-¿Qué pregunta es esa?
-Sólo respóndeme, ¿con quién la pasaste mejor?
-No sé a qué viene esto, pero bueno, te responderé, él me golpeaba muy duro, una vez tuvo que llevarme al hospital, mi nariz estaba rota.
-¿Y por qué te golpeaba?
-Porque a veces no quería entregarme a tipos de tan baja calaña con los que él trataba.
-No lo entiendo, si conmigo has tenido que acostarte con tipos terriblemente repulsivos y nunca te negaste.
-Lo que pasó fue que al irme contigo desee que las cosas fuesen diferentes, no quería que me lastimaras como él tanto lo hizo, sólo quería llevar la fiesta en paz.
-Ya veo, habrás sufrido mucho con ese tal, pobrecita, este mundo que heredamos de la última gran revolución, que disolvió el antiguo orden es un asco, a veces imagino lo que te hacen todos esos y tengo sensaciones de nauseas, desearía tanto que las cosas fuesen como dice en los libros de historia.
-Te he dicho que no leas esos libros, que pueden afectarte seriamente, hay que aceptar el mundo en que vivimos, ya que no hay otro.
-Puede que tengas razón; ahora, hay que acostarnos.
-Hasta mañana, Mitor.
-Hasta mañana, Clara.
La pareja de viajantes se acuesta, Mitor abraza a Clara por la cintura, ambos duermen.
En la habitación del hotel, Mitor interroga a Clara.
-¿Clara, recuerdas cómo nos conocimos?
-Claro, mi antiguo jefe se enamoró de tu auto, y por lo que costaba, acostarnos solamente no cubriría el precio por lo que tuve que quedarme contigo.
-¿Y cómo lo tomaste, de buena o mala gana?
-A decir verdad, él se hizo de mí, desde que era una chiquilla, nunca antes tuve otro jefe, tú fuiste el segundo. Temí por no saber cómo eras, eso es todo.
-¿Y lo extrañas, la pasabas mejor con él?
-¿Qué pregunta es esa?
-Sólo respóndeme, ¿con quién la pasaste mejor?
-No sé a qué viene esto, pero bueno, te responderé, él me golpeaba muy duro, una vez tuvo que llevarme al hospital, mi nariz estaba rota.
-¿Y por qué te golpeaba?
-Porque a veces no quería entregarme a tipos de tan baja calaña con los que él trataba.
-No lo entiendo, si conmigo has tenido que acostarte con tipos terriblemente repulsivos y nunca te negaste.
-Lo que pasó fue que al irme contigo desee que las cosas fuesen diferentes, no quería que me lastimaras como él tanto lo hizo, sólo quería llevar la fiesta en paz.
-Ya veo, habrás sufrido mucho con ese tal, pobrecita, este mundo que heredamos de la última gran revolución, que disolvió el antiguo orden es un asco, a veces imagino lo que te hacen todos esos y tengo sensaciones de nauseas, desearía tanto que las cosas fuesen como dice en los libros de historia.
-Te he dicho que no leas esos libros, que pueden afectarte seriamente, hay que aceptar el mundo en que vivimos, ya que no hay otro.
-Puede que tengas razón; ahora, hay que acostarnos.
-Hasta mañana, Mitor.
-Hasta mañana, Clara.
La pareja de viajantes se acuesta, Mitor abraza a Clara por la cintura, ambos duermen.


















