CARLOS HUGO RINCÓN HOEFKEN presenta:

miércoles, abril 22, 2009

La mejor película del cine peruano

Fue una gratísima sorpresa, en mi último viaje a la ciudad de Lima, haber acudido al cine a ver la última película peruana “La teta asustada”, sabía que se había hecho acreedora de un premio importante, y debo decir, después de verla, muy merecido.

La extraordinaria cinta, que califico, en mi humilde opinión, como la mejor producción cinematográfica peruana de todos los tiempos, contiene como las grandes películas (véase “Lo que el viento se llevó”) humor, drama, naturalidad de los actores (una cualidad que siempre ennegreció nuestro cine), una gran historia que pinta nuestra idiosincrasia o debo decir idiosingracia de pies a cabeza, excelente guión y manejo de cámaras; y por último, el recurso poético, muy bien empleado en canciones, tanto en lengua quechua como en la lengua española.

Recomiendo sin temor a equivocarme no dejar de ver esta valiosa cinta, que sin duda engrandece a sus creadores, y abre una puerta para futuras realizaciones.

viernes, abril 17, 2009

No hay nadie…

No hay nadie merodeando y siento una presencia:

un viento sopla, las hojas secas caen y las oigo crujir…

Se detienen los pasos y todo se vuelve silente,

los pájaros de la noche son mudos y los aullidos de los perros,

gestos de un silencio aún más profundo.

Muchas horas he estado aquí, mientras nada se mueve

y mi voluntad recorre palmo a palmo la casa.

He cruzado el patio de adentro

al cuarto de mi reclusión, en él, empolvados libros

me hablan de un mundo del saber,

que se mueve entre telas de araña.

miércoles, abril 15, 2009

Conversaciones

Las diferencias socio-culturales son interesantes porque nos plantean, entre otras cosas, el desarrollo desmesurado de las llamadas “potencias” y el “in status quo” de los países “en vías de desarrollo”

Un inmigrante peruano en Canadá, y gran amigo mío, estuvo de visita por Lima la semana pasada, y coincidió conmigo, que con motivo de verlo viajé de Ayacucho (donde resido) a Lima.

En el transcurso de la semana nos vimos varias veces, y conversamos bastante, como siempre fue nuestra costumbre, nos alegramos mucho de los éxitos de cada uno en el tiempo que no nos vimos.

Y fue así, que en una de nuestras conversaciones, mi perspicaz amigo me comentó, que había notado una gran diferencia entre las conversaciones latinas y canadienses.

En las primeras, siempre se evoca el pasado, recordado con gran nostalgia, se habla del arte universal en todas sus manifestaciones; mientras que, en las segundas, sólo se habla del presente (el pasado es considerado retrógrado). Los canadienses sólo conocen el arte contemporáneo y están muy al pendiente de nuevas manifestaciones artísticas, en especial musicales.

Pero, según me dijo, estas conversaciones o comparaciones de conversaciones no se limitan al arte sino también se extienden a todos los campos del conocimiento; así, mientras los latinos vivimos el pasado, los canadienses viven en el presente y se proyectan al futuro.

Con esto mis queridos lectores, no pretendo variar un ápice esta exquisita y rica nostalgia latina sino, más bien, añadirle proyectos a futuro y crear un futuro latino.

Curiosidades del paraguas

Hoy, domingo cuatro de enero de 2009, fecha que escribo esta nota, me encuentro en “la ciudad de las iglesias”, conocida también como “la capital de la libertad de América por haberse librado , en las proximidades, la batalla de Ayacucho, Perú, y que acabó, en el continente americano con la presencia colonialista española.

Bueno, escribo esta nota para hablar de un artefacto, de uso exclusivo en algunos meses del año, estoy hablando del paraguas.

Su utilidad consiste en evitar resfriados y baños helados e involuntarios, causados por la lluvia.

La cuestión es, que hoy me dirigía a cierto café en esta ciudad, cuando el cielo se ennegreció por completo, y después de algunos estruendos, cayo una fuerte lluvia, que inundó las calles y empapó de forma inclemente a los ciudadanos de a pie.

Por suerte para mí, y no para el resto, cuando cayó el violento chaparrón me encontraba caminando bajo uno de los arcos de piedra de la plaza Sucre, motivo por el cual salvé mi cuerpecito de un baño seguro y gélido.

En uno de los arcos, contiguos al mío, había un hombrecito, de aspecto andino y gordinflón, que vociferaba a alaridos como los estruendos celestiales: “¡Paraguas! ¡Vendo paraguas!”.

Lo escuché y reflexioné, aún estaba a unas calles del café, las suficientes para ser bañado por las enfurecidas nubes; entonces, opté por llevar uno.

En el transcurso al café pude comprobar su utilidad y beneficio para el caminante; mientras me dirigía a mi destino, pude notar los arcos de la plaza, abarrotados de gente, inmovilizada no sólo por la naturaleza sino también por la tacañería de no comprarse un paraguas; llegué, rápidamente, al café, pues las calles estaban limpias de gente, ya en el lugar, mientras disfrutaba de una deliciosa torta, me puse a reflexionar sobre lo ocurrido.

¿Era posible, que las personas que habitan la ciudad no contaran con un paraguas en estos meses de lluvia?

¿Era acaso posible, que lo tuvieran en sus casas, cuando la lluvia los sorprendió camino a miles de destinos?

¿Será que, los ayacuchanos y las ayacuchanas no quisieron comprar un económico paraguas por tener uno en casa?

¿Será posible que por economizarse un gasto innecesario y ridículo, las personas hayan preferido quedarse en los arcos, antes que llegar puntuales a una cita de amor?

Podrá parecerme increíble; pero, en Perú, siempre suceden cosas increíbles.

(Huamanga – Ayacucho)

jueves, abril 02, 2009

Mi búsqueda / Pequeños poemas en prosa

El sumo poeta francés, Charles Baudelaire, el gran iniciador de la poesía moderna, trabaja la poesía en prosa.

Este libro “Pequeños poemas en prosa” es una muestra irrefutable de su talento para combinar textos narrativos con el simbolismo, logrando el vuelo lírico.

Las vivencias que transmite esta obra son universales y podemos sentirlas en carne propia, conforme vivimos, recomiendo saborear a Baudelaire como unas plácidas y no tan placidas vacaciones.

miércoles, abril 01, 2009

Lucía y Héctor

Lucía va de un lado a otro con los ojos chispeantes por algún pensamiento inquisidor, no puede calmarse, piensa que se trata de un asunto importante cómo irá vestida a su cita de amor, quiere sorprender a su amante con exquisitas fragancias y un sensual vestido rojo, se pinta y maquilla, buscando en su rostro la perfección de una obra de arte, el tiempo transcurre y no termina de arreglarse.

Héctor se levanta muy temprano, durante la noche no pudo dormir pensando en su encuentro con lucía, se baña velozmente, le parece un sueño haber despertado este día, se viste con la ropa que dejó preparada la noche de ayer, toma su desayuno, se lava los dientes, y en un instante está listo.

Lucía ha terminado de arreglarse, está bastante retrasada y toma un taxi, en el trayecto empieza a dolerle el estómago y la cabeza por la preocupación de no encontrar a su amante.

Héctor está furioso, camina de un lado a otro, y se dice, “¡qué impuntual es esta mujer! ¡no le importa dejarme acá, esperando, quizá ni siquiera llegue, mejor me voy!

Héctor camina hacia su auto y ve a muchos hombres observando en la misma dirección, la curiosidad lo vence, voltea, y ve venir, del otro lado de la calle, a Lucía con un despampanante vestido rojo, no puede evitarlo, deja atrás su amargura, y una enorme sonrisa le cubre el rostro.