El sol cae sobre la playa, y la delgada y curvada figura resplandece más, ahora estoy descansando sobre la toalla, ella, de pie, me produce la visión sorprendente de sus piernas, a manera de un puente gigante, a lo lejos su rostro, plagado de luz, me muestra una sonrisa de labios fluorescentes, luego, entre el sueño y la realidad, escucho que me dice: “Vamos a bañarnos, una vez dentro, en las aguas profundas te daré el beso”.
Sin preguntar ni mostrar expresión alguna por sus palabras me pongo de pie, ella, me mira directo a los ojos, sonriendo, se da vuelta y corre al mar, la persigo, y cada vez se interna más en las aguas, al fin logro alcanzarla, entonces, siendo tan buena nadadora, empieza a dar vueltas en torno a mí, y al final del remolino me besa.
Sin preguntar ni mostrar expresión alguna por sus palabras me pongo de pie, ella, me mira directo a los ojos, sonriendo, se da vuelta y corre al mar, la persigo, y cada vez se interna más en las aguas, al fin logro alcanzarla, entonces, siendo tan buena nadadora, empieza a dar vueltas en torno a mí, y al final del remolino me besa.


















