CARLOS HUGO RINCÓN HOEFKEN presenta:

lunes, diciembre 22, 2008

Los mismos niños

El niño de ojos café está mirando a la niña de anteojos, ambos están jugando en el sube y baja del parque, no dijeron lo que pensaron entonces.

Ahora, ya no es entonces, ya son adultos; ahora, se dicen las cosas de cuando niños y hacen las cosas de adultos.

Camote + camote = camote

Anoche escuché hablar a un poeta, que por cierto, no es ningún santo de mi devoción, sin embargo, no puedo pasar por alto una de sus reflexiones respecto al talento, dijo, “camote + camote = camote”. Con esta fórmula metafórica, trató de decir, que si alguien se proponía ser poeta, eso no bastaba, que si algún fulano no tenía talento para ello, no podría serlo, así quisiera y se educara para tal fin.

Ahora bien, no vasta tampoco, según dijo y estoy de acuerdo, tener talento para ser poeta. Uno puede tener el talento para serlo, pero sin trabajo, sin lectura, sin el empuje necesario de la voluntad, este talento podría perderse y terminar siendo cualquier cosa menos poeta.

Las condiciones, y esto es algo que añado yo a estas cavilaciones, son también de una importancia trascendental, si nuestro encuentro con la poesía es de tales o tales características, esto, por ejemplo, podría influir; otro escenario, puede ser la aceptación social o el rechazo, que dependiendo del poeta, cualquiera de las bifurcaciones podría ser el impulso que destape el talento en un aluvión o en un riachuelo temeroso o simplemente nunca ser destapado.

viernes, diciembre 12, 2008

En una caja de cartón

Él le dice – “quiero verte, vente a las seis”, “¿por qué? – responde ella – si estás con Paola, ¿para qué me quieres?”, “Tú sólo ven, obedece”- José, en tono imperativo.

El centro comercial está repleto de gente, el reloj de la fulana marca las 5:30 pm, pasea por la sección de ropa, ve un hermoso juego de lencería, negra y de encaje, lo coloca en la canasta, busca unas medias de nailon negras para hacerle jugo, luego, añade a su compra un vestido negro y un calzado de taco 7 de oficinista, paga en efectivo en la ventanilla.

José ha llegado a la puerta del centro comercial, está fumando un cigarrillo, y lleva consigo una bolsa, que contiene una correa para perro.

La fulana sale por la puerta, José se oculta tras un puesto de helados, luego, se le acerca por detrás. “Soy yo – dice – no voltees, camina en dirección a donde ya sabes, obedece”. La fulana sin chistar, y con cierta rigidez producida por una excitación interior, empieza a caminar, a unas cuatro cuadras, en un calleja oscura, José se acerca por detrás, saca de la bolsa el collar y se lo pone en el cuello, lo ajusta con algo de presión, ella emite un sonido de asfixia con placer. Siguen caminando, y al llegar al parque, José indica – “Haz lo que sabes”, ella empieza a ladrar.

Después de dar unas vueltas por el parque, ingresan ambos a una casa, ya dentro, ella se cambia y estrena su nuevo atuendo sin quitarse la correa de perro, el la espera en la sala, unos minutos después ella sale, increíblemente bella y maquillada, José enciende el equipo de sonido, entonces empiezan a bailar, luego, vienen las caricias, y más tarde la cópula.

En la conversación final, la fulana dice – “deberías respetar a Paola, ella te quiere, creo que no debí haber aceptado”.

José se despide y vuelve a su departamento, se desnuda totalmente en la sala; luego, así desnudo, entra en la caja de cartón que tiene en una esquina, se sienta en posición fetal y cierra los ojos como lamentándose.