Recibo un e-mail de una amiga entrañable, que dice, en dos días, vendrá a verme, que necesita, urgentemente, un gran favor, según escribe es un asunto de vida o muerte. Naturalmente, dos días es demasiado de preocupación para mí, dado el cariño que le tengo. En consecuencia, respondo el mensaje pidiendo más detalles. Busco en mi agenda el número de su celular e inmediatamente hago una llamada, no responde. Al día siguiente, vuelvo a entrar a mi correo, bastante angustiado, me ha respondido. En su respuesta, no hallo tranquilidad, inclusive mi ansiedad aumenta notablemente. Dice que por favor espere a su llegada para saber del asunto, que si me lo expone en un mensaje, podría perturbarme sin razón, que lo mejor es hablar en persona.
Entenderá el lector mi alteración, sabiendo que soy una persona dotada de cualidades imaginativas, mis hipótesis, de lo más variadas, van desde el romanticismo más rimbombante hasta el realismo más crudo. Confieso pasar la noche anterior sin dormir, esperando se cumplan las cuarentaiocho horas de misterio.
Es una lástima para mi curiosidad, que esta amiga viva en otra ciudad, de lo contrario, ya habría revelado el misterio.
La noche que llega Susana es de tormenta, me encuentro bebiendo café y corrigiendo un poema que, escribí automáticamente, unos meses atrás. Por tratarse de un texto subconsciente, me toma bastante trabajo cuadrarlo y darle algún sentido, cuando estoy enfrascado en esta tarea suena mi teléfono. Mi amiga me dice que acaba de llegar, que la recoja del aeropuerto; inmediatamente, cojo mi paraguas y me abrigo, salgo de mi cuarto de alquiler y me pongo de camino.
En el trayecto, el auto que me conduce se detiene por un accidente, ocurrido hace un momento, esto sucede a unas pocas cuadras de la posada, donde resido. Esta situación retrasa mi llegada y aumenta mi ansiedad, cuando por fin logro sortear el tráfico y llego al aeropuerto, encuentro a mi amiga en la puerta, salgo a su encuentro y pido las disculpas del caso, ambos subimos al auto y vamos directo a la posada, en el camino le explico que, en mi cuarto, sólo tengo una cama, donde ella dormirá mientras yo, haré lo propio en mi bolsa de dormir, me dice que no hay problema, que confía enteramente en mí, que quizá sea la única persona, en su vida actual, que le inspire confianza.
Por un lado, innegablemente, me siento halagado, pero por el otro, intrigado, ¿qué le está pasando a mi amiga? Percibo cierto descontento en ella. Increíblemente, no sé, debido a que fuerza no la interrogo en relación al asunto misterioso que la trae a mí.
Llegamos a la posada, sostengo en una mano el paraguas, protegiéndonos a ambos de un baño seguro; con la otra, arrastro su maletín con ruedas. Entramos a mi cuarto, enciendo la luz e inmediatamente, Susana pide darse un baño, le indico con el dedo la puerta pequeña que da al baño. Ella, saca de su maletín, uno más pequeño y entra a ducharse. Mientras lo hace, acomodo mi bolsa de dormir en el piso.
Susana sale en pijamas del baño con el cabello mojado, se está peinando, se dirige a la cama y se sienta. Yo, estoy de nuevo enfrascado en la corrección de mi poema, recostado en mi bolsa de dormir, libreta en mano.
-¿Qué haces?
-Corrijo un poema.
-Mira tú, sigues siendo el mismo, yo he cambiado mucho.
-Sí, ¿en relación a qué?
-A todo, no soy la misma que conociste.
-¿Cómo así?
-¿Recuerdas a mi novio?
-¿José? ¿Así se llama?
-Sí, es un idiota.
-¿Por qué lo dices? Recuerdo que se llevaban muy bien, siempre me pareció que hacían una linda parejita.
-Yo también lo creí.
Cierta nostalgia en su voz y su cabeza agacha, frenan mi interrogatorio y me vuelven, en ademán, a la depuración de mi poema.
-¿Cómo puedes vivir lejos de tu familia, de tus amigos y de tu novia?
-Muy fácil. Primero, nunca fui alguien sociable como sabes. Quiero a mi familia y a mis amigos, pero amo la soledad y con respecto a mi novia, ya no lo es.
-Terminaron, ¿hace cuánto?
-Hace un año y medio, y la verdad, creo que fue lo mejor, no íbamos ni veníamos a ninguna parte juntos, ella no comprendía mi deseo de marcharme y me anclaba a una vida que murió para mí. No aceptaba que necesitábamos un nuevo aire. Eso fue todo y aquí me tienes, no me ha ido tan mal y la soledad se ha convertido en una feliz compañera.
-De verdad te admiro, dejarlo todo menos tu alma, tu poesía, yo siempre fui una cobarde, cuantas veces quise dejar a José, pero sus ruegos siempre me convencían, mi familia y amigos (menos tú) me presionaban para que persista en este fraude.
-Entonces, ¿terminaste con él?
-No pude hacerlo, te dije que soy una cobarde de mierda, sólo tomé un avión, deje una nota explicándolo todo. Conseguí un trabajo en esta ciudad y pensé que podrías ayudarme a establecerme.
- Vaya. Este es el asunto de vida o muerte.
-Vida o muerte para mí, que soy lo que soy, necesito conocer a alguien para aventurarme. Espero no te moleste.
-Para nada, tú sabes que puedes contar conmigo, quedarte aquí hasta que consigas un lugar.
-Me gustaría quedarme aquí permanentemente.
-¿Qué?
-No te preocupes, no te estorbaré en tu trabajo, más bien te ayudaré con los gastos, me gustaría porque sola no me sentiría segura y confío en ti enteramente.
-Bueno, la verdad, me gustaría mucho no estar completamente solo.
-Dicho esto a dormir, mañana me esperan para iniciar mi trabajo. Se trata de una empresa de comestibles, veré el control de calidad.
-Interesante. Bueno, hasta mañana Susana.
-Hasta mañana poeta.
Entenderá el lector mi alteración, sabiendo que soy una persona dotada de cualidades imaginativas, mis hipótesis, de lo más variadas, van desde el romanticismo más rimbombante hasta el realismo más crudo. Confieso pasar la noche anterior sin dormir, esperando se cumplan las cuarentaiocho horas de misterio.
Es una lástima para mi curiosidad, que esta amiga viva en otra ciudad, de lo contrario, ya habría revelado el misterio.
La noche que llega Susana es de tormenta, me encuentro bebiendo café y corrigiendo un poema que, escribí automáticamente, unos meses atrás. Por tratarse de un texto subconsciente, me toma bastante trabajo cuadrarlo y darle algún sentido, cuando estoy enfrascado en esta tarea suena mi teléfono. Mi amiga me dice que acaba de llegar, que la recoja del aeropuerto; inmediatamente, cojo mi paraguas y me abrigo, salgo de mi cuarto de alquiler y me pongo de camino.
En el trayecto, el auto que me conduce se detiene por un accidente, ocurrido hace un momento, esto sucede a unas pocas cuadras de la posada, donde resido. Esta situación retrasa mi llegada y aumenta mi ansiedad, cuando por fin logro sortear el tráfico y llego al aeropuerto, encuentro a mi amiga en la puerta, salgo a su encuentro y pido las disculpas del caso, ambos subimos al auto y vamos directo a la posada, en el camino le explico que, en mi cuarto, sólo tengo una cama, donde ella dormirá mientras yo, haré lo propio en mi bolsa de dormir, me dice que no hay problema, que confía enteramente en mí, que quizá sea la única persona, en su vida actual, que le inspire confianza.
Por un lado, innegablemente, me siento halagado, pero por el otro, intrigado, ¿qué le está pasando a mi amiga? Percibo cierto descontento en ella. Increíblemente, no sé, debido a que fuerza no la interrogo en relación al asunto misterioso que la trae a mí.
Llegamos a la posada, sostengo en una mano el paraguas, protegiéndonos a ambos de un baño seguro; con la otra, arrastro su maletín con ruedas. Entramos a mi cuarto, enciendo la luz e inmediatamente, Susana pide darse un baño, le indico con el dedo la puerta pequeña que da al baño. Ella, saca de su maletín, uno más pequeño y entra a ducharse. Mientras lo hace, acomodo mi bolsa de dormir en el piso.
Susana sale en pijamas del baño con el cabello mojado, se está peinando, se dirige a la cama y se sienta. Yo, estoy de nuevo enfrascado en la corrección de mi poema, recostado en mi bolsa de dormir, libreta en mano.
-¿Qué haces?
-Corrijo un poema.
-Mira tú, sigues siendo el mismo, yo he cambiado mucho.
-Sí, ¿en relación a qué?
-A todo, no soy la misma que conociste.
-¿Cómo así?
-¿Recuerdas a mi novio?
-¿José? ¿Así se llama?
-Sí, es un idiota.
-¿Por qué lo dices? Recuerdo que se llevaban muy bien, siempre me pareció que hacían una linda parejita.
-Yo también lo creí.
Cierta nostalgia en su voz y su cabeza agacha, frenan mi interrogatorio y me vuelven, en ademán, a la depuración de mi poema.
-¿Cómo puedes vivir lejos de tu familia, de tus amigos y de tu novia?
-Muy fácil. Primero, nunca fui alguien sociable como sabes. Quiero a mi familia y a mis amigos, pero amo la soledad y con respecto a mi novia, ya no lo es.
-Terminaron, ¿hace cuánto?
-Hace un año y medio, y la verdad, creo que fue lo mejor, no íbamos ni veníamos a ninguna parte juntos, ella no comprendía mi deseo de marcharme y me anclaba a una vida que murió para mí. No aceptaba que necesitábamos un nuevo aire. Eso fue todo y aquí me tienes, no me ha ido tan mal y la soledad se ha convertido en una feliz compañera.
-De verdad te admiro, dejarlo todo menos tu alma, tu poesía, yo siempre fui una cobarde, cuantas veces quise dejar a José, pero sus ruegos siempre me convencían, mi familia y amigos (menos tú) me presionaban para que persista en este fraude.
-Entonces, ¿terminaste con él?
-No pude hacerlo, te dije que soy una cobarde de mierda, sólo tomé un avión, deje una nota explicándolo todo. Conseguí un trabajo en esta ciudad y pensé que podrías ayudarme a establecerme.
- Vaya. Este es el asunto de vida o muerte.
-Vida o muerte para mí, que soy lo que soy, necesito conocer a alguien para aventurarme. Espero no te moleste.
-Para nada, tú sabes que puedes contar conmigo, quedarte aquí hasta que consigas un lugar.
-Me gustaría quedarme aquí permanentemente.
-¿Qué?
-No te preocupes, no te estorbaré en tu trabajo, más bien te ayudaré con los gastos, me gustaría porque sola no me sentiría segura y confío en ti enteramente.
-Bueno, la verdad, me gustaría mucho no estar completamente solo.
-Dicho esto a dormir, mañana me esperan para iniciar mi trabajo. Se trata de una empresa de comestibles, veré el control de calidad.
-Interesante. Bueno, hasta mañana Susana.
-Hasta mañana poeta.



















0 comentarios:
Publicar un comentario en la entrada