Tomás vive en un poblado aislado, donde las más de las mujeres y los más de los hombres se casan y tienen hijos en la minoría de edad. Tomás siempre fue un chico responsable, que no se casó ni tuvo hijos como la mayoría de la población por no contar con los medios o recursos económicos adecuados para asumir un compromiso de tal magnitud y criar adecuadamente a sus hijos. Así, Tomás llegó a adulto, soltero y trabajando muy duro para formar un hogar de amor; sin embargo, ahora, tiene las condiciones favorables para lograr su sueño de formar una familia, las mujeres de su generación están casadas y las que no son madres solteras, Tomás no quiere hijos ajenos sino los suyos propios.
En estas circunstancias de adultez solitaria, nuestro hombre conoce a una adolescente, que bien podría ser su hija. La ha visto muchas veces ir al colegio, la escolar se llama Mery y es una chica muy vivaz, bastante agradable a los ojos, pues se nota la deslumbrante mujer que será alguna vez.
Mery es muy perspicaz y ha notado las miradas de Tomás, miradas a las que corresponde con un gesto de agrado. Tomás tiene muchas dudas, fundadas claro en la diferencia de edades, no da un primer paso por esta consideración, qué podría pensar la comunidad si se atreviera, incluso podría ser puesto tras las rejas, pues como sabemos esta relación sería vista como violación.
Finalmente, Tomás se resigna con mucha cordura de su parte a seguir siendo el solitario por destino que siempre fue; y, como tantos otros fines de semana, éste se va al bar de costumbre, llega y pide una cerveza, las chicas de la alegría bailan en el escenario, siendo blanco de groseras insinuaciones por parte del público, sediento de deseo. Una joven, bastante guapa y maquillada hasta el hartazgo, se sienta en las piernas de Tomás.
-Guapo, ¿me invitas un trago?
-Claro- responde Tomás-.
-Lindo, ¿Te pasa algo? ¿Te gustaría irte conmigo?
-¿Cómo? ¿No trabajas aquí?
-Sí, hoy es mi primer día, pero, la verdad, creo que no volveré, no sé cómo me dejé convencer por mi amiga.
Tomás, conociendo de sobra las mentiras de las chicas de la alegría, asiente.
Ya en el hotel, Tomás pide a la joven se quite el maquillaje de la cara en el baño, pues le parece muy exagerado, la joven obedece.
Tomás, recostado en la cama espera. Al abrirse la puerta del baño, inmediatamente reconoce a Mery.
-¿Mery?
-Sí, ¿no me habías reconocido?
-¿Qué crees que haces? Eres una niña.
-Ni tanto, eso creerás tú, pues voy al colegio, pero soy mayor de edad.
-¿Y te dedicas a esto?
-Recién hoy como te conté, una amiga me convenció, me dijo que se gana buen dinero y como yo lo necesito; bueno, tontamente acepté, pero si me fui contigo es porque realmente me gustas, no te imaginas mi felicidad al verte en el bar.
-¿De verdad?
-¡Claro, tontuelo!..
Tomás y Mery unen sus labios; luego, realizan el acto. El primero de muchos para un matrimonio feliz y con hijos propios.
En estas circunstancias de adultez solitaria, nuestro hombre conoce a una adolescente, que bien podría ser su hija. La ha visto muchas veces ir al colegio, la escolar se llama Mery y es una chica muy vivaz, bastante agradable a los ojos, pues se nota la deslumbrante mujer que será alguna vez.
Mery es muy perspicaz y ha notado las miradas de Tomás, miradas a las que corresponde con un gesto de agrado. Tomás tiene muchas dudas, fundadas claro en la diferencia de edades, no da un primer paso por esta consideración, qué podría pensar la comunidad si se atreviera, incluso podría ser puesto tras las rejas, pues como sabemos esta relación sería vista como violación.
Finalmente, Tomás se resigna con mucha cordura de su parte a seguir siendo el solitario por destino que siempre fue; y, como tantos otros fines de semana, éste se va al bar de costumbre, llega y pide una cerveza, las chicas de la alegría bailan en el escenario, siendo blanco de groseras insinuaciones por parte del público, sediento de deseo. Una joven, bastante guapa y maquillada hasta el hartazgo, se sienta en las piernas de Tomás.
-Guapo, ¿me invitas un trago?
-Claro- responde Tomás-.
-Lindo, ¿Te pasa algo? ¿Te gustaría irte conmigo?
-¿Cómo? ¿No trabajas aquí?
-Sí, hoy es mi primer día, pero, la verdad, creo que no volveré, no sé cómo me dejé convencer por mi amiga.
Tomás, conociendo de sobra las mentiras de las chicas de la alegría, asiente.
Ya en el hotel, Tomás pide a la joven se quite el maquillaje de la cara en el baño, pues le parece muy exagerado, la joven obedece.
Tomás, recostado en la cama espera. Al abrirse la puerta del baño, inmediatamente reconoce a Mery.
-¿Mery?
-Sí, ¿no me habías reconocido?
-¿Qué crees que haces? Eres una niña.
-Ni tanto, eso creerás tú, pues voy al colegio, pero soy mayor de edad.
-¿Y te dedicas a esto?
-Recién hoy como te conté, una amiga me convenció, me dijo que se gana buen dinero y como yo lo necesito; bueno, tontamente acepté, pero si me fui contigo es porque realmente me gustas, no te imaginas mi felicidad al verte en el bar.
-¿De verdad?
-¡Claro, tontuelo!..
Tomás y Mery unen sus labios; luego, realizan el acto. El primero de muchos para un matrimonio feliz y con hijos propios.



















0 comentarios:
Publicar un comentario en la entrada