Aquí
se oculta
el hombrecito
de los bien llamados
mal nacidos, en la caverna
de su inmunohumanesencia.
En un claro manantial interior,
proveniente de la tierra,
se destierra a sí mismo
a un más allá.
Los primeros exploradores de la Tierra
vieron perdida su mirada de topo,
pensaron, “es un costal de huesos,
escarbemos y hagamos un hallazgo”,
encontraron el manantial y vieron su reflejo,
refulgía en perfecta armonía con metales preciosos.



















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