¡Bailen, bailen! ¡Oh bailen!
Familia de velas,
bailen las tres luces
con el himno del humo
de la oscuridad.
Bailen la felicidad grande
de lo consumado,
bailen en el descanso eterno
de las neuronas y del calor.
¡Oh bailen el himno del humo,
familia de velas!
Bailen su camino
algún día vivo
y hoy vivo
en su esplendor.
Familia de velas
de las neuronas
esparcidas con la luz
y el tacto a tientas
después,
en la desconocida noche.
¡Oh velas que se dicen luces!
¡Oh luces apagadas del esfuerzo!
¡Grande, siempre grande!
Familia de velas,
madre de la orquesta de sombras
y trabajo silencioso,
madre de la esperanza viva
de su partición
en luces de regalo,
tan impulsadas
como un himno que se va
creando a lo largo de los ojos
más creaciones
acuestas ajenas
en avenidas,
todas venidas.
Familia de velas
en concierto
de viento,
de formas del azar
con suerte,
con recuentos doblemente
y doblemente agigantados.
Noche de los himnos
y de los mil caminos,
noche de los himnos
del humo y el recuento,
noche de las manos tomadas,
desde atrás para siempre,
desde la premisa,
elevada la víspera
a las palomas,
pendientes de sus plumas
y de sus familias del sentido,
único campo
con águilas feroces,
cernidores del tiempo
en la cantidad
restada al concierto,
a las nuevas rondas
que se van coronando.
Familia de velas
y antigüedad joven
del pulso, así,
tan desarrollado,
tan inclinado al futuro,
tan unido al pasado,
y sobrevivido por un palco
de admiración aplaudida
por una langosta de gente.



















0 comentarios:
Publicar un comentario en la entrada