III
Romina está en su habitación, durmiendo profundamente, tras una noche más de trabajo en el bar, cuando entre sueños escucha llamar a su puerta. Se levanta de la cama completamente desnuda, pues su costumbre es dormir así para refrescar su cuerpo de los vapores de la noche; no atina a vestirse y sólo se pone una bata blanca, que toma de la silla. Camina hacia la puerta, la abre y ve a Gustavo, que ha llegado muy bien trajeado, la joven no muestra la menor sorpresa e indica con un gesto a Gustavo que pase, lo cual hace Gustavo casi automáticamente. Una vez dentro de la habitación y serrada la puerta, Romina vuelve a acostarse en la cama, le dice a Gustavo que se siente en la silla y que la deje descansar un rato.
Gustavo, ya sentado, observa el escandaloso desorden de la habitación, ropa regada por todo el piso, el televisor completamente empolvado y unos afiches en la pared, que dan cuenta de actuaciones folclóricas pasadas. Luego, de esta breve inspección, dirige su mirada a la cama, donde la joven yace desparramada sobre sus cobijas, la bata que porta ese cuerpo espléndido esta dispuesta de tal modo, que Gustavo ve los senos, bastantes pequeños, pero firmes.
Romina esta boca arriba, cuando voltea lentamente su cuerpo, adquiriendo una postura fetal, su trasero se muestra en todo su esplendor de formas, bajo la blanca bata, Gustavo siente un remesón que sacude toda su virilidad.
-¿Qué me ves?
-¿Qué? – Gustavo se percata, que Romina lo ve de reojo, conforme él le mira el trasero - ¡Ah, veía lo bonita que eres!
-Me mirabas el trasero – Romina suelta una risita, tierna como maliciosa, Gustavo le sigue el juego-.
-¡La verdad que sí, es fabuloso!
-¡Oye!- exclama Romina y le arroja una almohada, soltando otra risita-.
Gusta recupera la almohada y se la devuelve, ambos ríen; luego, en silencio se ven directo a los ojos. Gustavo se aproxima lentamente y se sienta a los pies de la cama, Romina se reincorpora y se acerca a él, ambos se besan ardorosamente y se abrazan, Se echan en la cama abrazados.
-Es extraño – dice ella, mientras se acurruca en él-.
-¿Qué es extraño? – pregunta él sabiendo la respuesta -.
-Que nos besemos así, que estemos abrazados en mi cama, cuando recién nos conocemos.
-No me parece extraño, pues besarte y abrazarte, y acostarme contigo así, me pareció lo más natural, desde que te vi tuve la certeza que ocurriría.
-¡De verdad!
-Así, lo creo.
Vuelven a besarse, Gustavo toma el trasero de Romina y ella siente estremecerse dentro. De lo que se percata Gustavo, y con un ligero movimiento desata el lazo de la bata, corroborando la desnudez de la joven, la que recorre delicadamente con sus manos. Romina desabotona lentamente la camisa de Gustavo y siente la vellosidad de su pecho desnudo; luego, Gustavo se saca el cinturón y ella ayuda, quitándole los pantalones. Después de estos primeros momentos de seducción, permanecen abrazados y tocándose, Gustavo conserva puesta su ropa interior, pero se quita los zapatos, ella está completamente desnuda con el sexo humedecido, cuando Gustavo al sentirlo se siente erecto. Romina toma el pene de Gustavo y lo acaricia, sintiendo éste un estremecimiento violento. Gustavo renuncia a su ropa interior y se entrega a la pasión con Romina.
Romina está en su habitación, durmiendo profundamente, tras una noche más de trabajo en el bar, cuando entre sueños escucha llamar a su puerta. Se levanta de la cama completamente desnuda, pues su costumbre es dormir así para refrescar su cuerpo de los vapores de la noche; no atina a vestirse y sólo se pone una bata blanca, que toma de la silla. Camina hacia la puerta, la abre y ve a Gustavo, que ha llegado muy bien trajeado, la joven no muestra la menor sorpresa e indica con un gesto a Gustavo que pase, lo cual hace Gustavo casi automáticamente. Una vez dentro de la habitación y serrada la puerta, Romina vuelve a acostarse en la cama, le dice a Gustavo que se siente en la silla y que la deje descansar un rato.
Gustavo, ya sentado, observa el escandaloso desorden de la habitación, ropa regada por todo el piso, el televisor completamente empolvado y unos afiches en la pared, que dan cuenta de actuaciones folclóricas pasadas. Luego, de esta breve inspección, dirige su mirada a la cama, donde la joven yace desparramada sobre sus cobijas, la bata que porta ese cuerpo espléndido esta dispuesta de tal modo, que Gustavo ve los senos, bastantes pequeños, pero firmes.
Romina esta boca arriba, cuando voltea lentamente su cuerpo, adquiriendo una postura fetal, su trasero se muestra en todo su esplendor de formas, bajo la blanca bata, Gustavo siente un remesón que sacude toda su virilidad.
-¿Qué me ves?
-¿Qué? – Gustavo se percata, que Romina lo ve de reojo, conforme él le mira el trasero - ¡Ah, veía lo bonita que eres!
-Me mirabas el trasero – Romina suelta una risita, tierna como maliciosa, Gustavo le sigue el juego-.
-¡La verdad que sí, es fabuloso!
-¡Oye!- exclama Romina y le arroja una almohada, soltando otra risita-.
Gusta recupera la almohada y se la devuelve, ambos ríen; luego, en silencio se ven directo a los ojos. Gustavo se aproxima lentamente y se sienta a los pies de la cama, Romina se reincorpora y se acerca a él, ambos se besan ardorosamente y se abrazan, Se echan en la cama abrazados.
-Es extraño – dice ella, mientras se acurruca en él-.
-¿Qué es extraño? – pregunta él sabiendo la respuesta -.
-Que nos besemos así, que estemos abrazados en mi cama, cuando recién nos conocemos.
-No me parece extraño, pues besarte y abrazarte, y acostarme contigo así, me pareció lo más natural, desde que te vi tuve la certeza que ocurriría.
-¡De verdad!
-Así, lo creo.
Vuelven a besarse, Gustavo toma el trasero de Romina y ella siente estremecerse dentro. De lo que se percata Gustavo, y con un ligero movimiento desata el lazo de la bata, corroborando la desnudez de la joven, la que recorre delicadamente con sus manos. Romina desabotona lentamente la camisa de Gustavo y siente la vellosidad de su pecho desnudo; luego, Gustavo se saca el cinturón y ella ayuda, quitándole los pantalones. Después de estos primeros momentos de seducción, permanecen abrazados y tocándose, Gustavo conserva puesta su ropa interior, pero se quita los zapatos, ella está completamente desnuda con el sexo humedecido, cuando Gustavo al sentirlo se siente erecto. Romina toma el pene de Gustavo y lo acaricia, sintiendo éste un estremecimiento violento. Gustavo renuncia a su ropa interior y se entrega a la pasión con Romina.



















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