CARLOS HUGO RINCÓN HOEFKEN presenta:

miércoles, julio 15, 2009

Aventuras de Gustavo


II

“¡Qué tal huasca por Dios, - piensa Gustavo al despertar – qué terrible! Tomar en exceso es una reverenda burrada”.

-¡Joven Gustavo! ¡Joven Gustavo!
-¿Qué pasa Agripina? ¿Por qué gritas?
-¡Joven, lo busca una señorita!
-¿Qué?

Gustavo se apresura a vestirse, se pregunta ¿quién puede ser? Sale rápidamente y se encuentra en el comedor con Romina.

-¿Cómo está la cabeza?
-Mucha cerveza, ya te imaginarás, pero siéntate, ponte cómoda.
-Gracias.

Gustavo y Romina se sientan frente a frente, se observan por un momento en silencio.

-No pensé que irías a verme bailar y mucho menos que consumas tanto alcohol.
-Bueno, si fui a aquel lugar fue únicamente para verte danzar y con respecto al alcohol no es mi costumbre, pero tú sabes, botellas van, botellas vienen.
-Si pues, suele suceder.
-Pero bueno, tú dirás, ¿en qué te puedo ayudar?
-Te quería pedir un gran favor, necesito un préstamo para pagar mi alquiler, en el bar. se han atrasado en pagarme y amenazaron con sacarme.
-Bueno, no hay problema.
-Ah, y si un día quieres visitarme y ver tele, no hay problema.
-¿Cómo? ¿No sería mal visto?
-No seas anticuado, no hay problema, puedes verme cuando quieras, aquí – Romina entrega un pequeño papel a Gustavo – está mi dirección.
-Está bien, iré a verte durante la semana, ¿quizá puedas bailar, sólo para mí, en privado?
-No hay problema, tengo ahí mi vestuario.
-Muy bien; entonces, nos veremos.
-De acuerdo.

Romina y Gustavo se ponen de pie, y éste la acompaña a la puerta, donde se despiden y ella sale a la calle.