CARLOS HUGO RINCÓN HOEFKEN presenta:

miércoles, julio 15, 2009

Aventuras de Gustavo


I

-¡Salud, muchachos, pongo una caja!
-¡Salud, salud, hasta que por fin llegaste hombre!
-¡Salud con todos!
-Te recuerdo que Romina prometió bailar para ti si venías, te hemos esperado largo rato, queremos ver su vestido plateado y sus botas negras como prometió.
-Bueno pues, espero verla bailar por eso también vine; además, claro, por encontrarme con ustedes y distraerme un poco.
-Tanto mejor, mira, ahí viene,
-¡Hola Gustavo! Viniste.
-Siempre cumplo mis promesas y espero verte bailar.
-Claro que sí, lo haré, pero ¿qué te sirves?
-Una caja para los amigos.
-Muy bien, ahora te la traigo.
-Te espero.

Romina está vestida con un pantalón pegado y un polito entallado que deja ver su ombligo, camina contorneándose deliciosamente al puesto de cerveza, de donde regresa con dos muchachos, que llevan, cada uno de un extremo, una caja, Romina cobra el dinero a Gustavo y se dirige a una pequeña habitación, entrando por una puerta situada por debajo del escenario, vuelve con el vestido plateado y con las botas negras, que le llegan a las rodillas, viene con otras dos chicas. En ese momento, se escucha una cumbia tropical y las tres empiezan a bailar, frente a la mesa de Gustavo y sus amigos, los cuales observan sus movimientos sensuales y brindan entre ellos, cuando Romina se anima y saca a bailar a Gustavo, quien se niega al principio, pero, debido a la insistencia de la muchacha, se anima y sale a bailar; sus amigos, algo tomados, aplauden y bromean por la rigidez de Gustavo. Esta misma escena se repetirá varias veces durante toda la noche. Finalmente, y completamente ebrios, Gustavo y sus amigos se retiran a altas horas de la madrugada.