-Sigamos a media taza
brindando con la nostalgia
del café, sigamos componiendo
lo que fue, y cómo es ahora,
seguro igual o derrota por puntos
a cualquier boxeador,
puntos y más puntos
los que conforman
este aguijón, acá
en nuestras pieles sumergibles;
acá, entre todos los aquís
aquí ahora, en el difunto
del acá que no termina
de morir, mientras
se siga con esta tela
de mantos agonizantes
en una correría de viento,
desde atrás.
-Sigamos sí, que más
importante aquí ahora
que todos los acás,
cuando me tiendo
a deslizarme
sobre pétalos amarillos
llenos de viajes crepusculares;
sigamos sí, sigamos
también no en todos los acás
por aquí para ser más completos
y dormir una hora siquiera
de tiempo y diluvio intentado.
-Sigamos, porque
es el infinito que guía,
cuando me escucho
resucitar lo rezado,
una y otra vez
con la misma camisa
y los mismos dientes
envejecidos,
en vez de nostalgia
envés de hoja,
y siempre también
la nostalgia
de las llamas es buena,
y el viento con lluvia
y con caminos,
más parecidos
a la nostalgia
de todas las estaciones,
idénticas en tiempo
y en pasado aumentado.
-Sigamos porque sí,
porque cuando se desenvuelve
la moneda líquida
de la pobreza
se vuelven
otra vez verdes los bolsillos,
y en ese pantano
del pantalón, puede
caer aún una presa joven
del árbol maduro
de los dientes
de leche
y sobrevivir
algunas estaciones más
de equilibrio
y nostalgia atrapada.
-Sigamos por la gripa
invisible de la sierra,
sigamos así todos los días,
buenos y tristes,
y sensatos para no morir,
la nostalgia es la barreta
que cala el hogar
de la futura planta,
del futuro rostro
del futuro, del acá
ahora, que pena
el mañana,
y la nostalgia
que será.
-Sigamos a convertir
la nostalgia en nostalgia
y a componer futuros,
desde abajo, donde
la raíz se mezcla
con los elementos
que viajan por la nostalgia
y reverdecen
para dar, dar, dar
y tener, tener, tener,
tener que dar,
sigamos sin preocuparnos
por la nostalgia.



















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