CARLOS HUGO RINCÓN HOEFKEN presenta:

miércoles, junio 17, 2009

Mundo de hoteles


VIII

Clara despierta, sus bostezos y sus movimientos ponen fin a las cavilaciones de Mitor; éste, al notar sus movimientos desperezándose, acaricia a la muchacha, en el vientre, sin pronunciar palabra; ella, al verlo, sonríe, le pone una mirada tierna y algo pícara, Mitor rompe el silencio.

-¡Clara, vámonos de aquí! Detesto esta ciudad; en realidad, no me gusta ninguna. Prefiero los bosques, las sierras, las playas.
-Mitor, si es realmente lo que quieres, vámonos; sin embargo, es mi deber advertirte, esos caminos y parajes por donde transitamos, de ciudad en ciudad, son peligrosos para vivir. Hay asaltantes y si hasta ahora hemos tenido suerte, no significa que siempre será así.
-Clara, no te preocupes por eso, conozco de sobra el mundo, ya que, como todos, he vivido errante.
-No lo dudo querido, pero presiento que tu decisión proviene de los libros y como vi en uno de esos libros antiguos y desfasados que decía: “por leer tantos libros de caballerías se le seco el seso”; y esto, querido, en tu caso, se debe a los libros de historia.
-Me sorprendes, nunca pensé que gustarás de la lectura, ¿qué libro es ese del que hablas?
-Se llama: “El Quijote”. Y no es que lo haya leído, ya que, es inmenso, sólo lo hojeé, cuando buscaba tus libros de historia.
-Interesante. Pero, volviendo a lo nuestro, no me analices sólo sígueme, hoy mismo partiremos en busca del paisaje natural, donde viviremos, y que no se hable más.

Mitor y Clara toman un baño; luego, preparan sus mochilas y abandonan el hotel; caminan por las calles varias horas hasta dejar la ciudad.