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lunes, noviembre 17, 2008

El artista: la falla social

Cada vez que repasamos la vida de un artista, nos encontramos con un sin número de obstáculos; vemos, por ejemplo, que desde muy temprano los padres atribuyen al joven artista muchas profesiones, tomando en cuenta sus habilidades personales, pero conforme pasa el tiempo, y aparece, ante los ojos del muchacho o muchacha, el arte, radiante como un dios, y empieza la obsesión y la pasión, los padres advierten el hecho con temor, debido a que este hijo, tan querido, empieza a dejar de lado o enfocar de manera distinta el resto de conocimientos, requeridos en otros campos, que por cierto se juzgan más importantes.

En el poema El Albatros, Baudelaire hace mención a los terribles obstáculos, que debe enfrenta el poeta (artista) y que no puede, debido a que no está muy bien preparado para enfrentar las arremetidas, de las que es víctima por las demás personas, algunas muy cercanas, que no entienden su mística. Baudelaire dice: “El Poeta es como ese príncipe del nublado / que puede huir de las flechas y el rayo frecuentar; / en el suelo, entre ataques y mofas desterrado, / sus alas de gigante le impiden caminar”.

Es así que, la sociedad intenta convencer al vehemente joven, por todos los medios, y ganarlo para sus filas, pero es inútil, la semilla de la originalidad ha incubado en su mente y apartado su corazón de la colectividad, aunque esté rodeado por todos y frecuente a todos, es muy distinto como el patito feo del cuento, que resultó ser un cisne.

Un cantante argentino dice: “El hombre tiene una carrera y el artista una trayectoria”. Esta frase lo pone todo muy claro, se distingue a este hombre con tales y tales metas, del artista, que sólo pretende capturar la belleza en la forma de su arte y desnudar su espíritu, el artista nunca estuvo planificado como el profesional.

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